domingo, 19 de octubre de 2014

Turismo por Tübingen (3/10/14)

Al ser festivo en Alemania y no poder hacer papeleo (aún nos quedaban cosas pero no tan urgentes) y tras dos días muy ajetreados (más si contamos los previos en España), decidimos hacer un poco de turismo por el pueblo y así conocer un poco más de él con tranquilidad.

Volvimos a pasar por el Neckarbrücke, el puente por el que pasa el río Neckar (como su propio nombre indica) pero esta vez nos paramos a hacernos algunas fotos con las casitas de fondo. También bajamos al lado del río y vimos más de cerca las barquitas de madera en las que te pasea un "gondolero" en un tramo del río (aún no nos hemos montado y deberíamos hacerlo si no queremos esperar a primavera...) También visitamos la plaza del mercado, que es la plaza más famosa de Tübingen y donde se encuentra el ayuntamiento. Además, también pasamos por la iglesia más grande del pueblo y en cuyas escaleras la gente suele comer y beber cerveza (además de hacer botellón antes de ir a alguna discoteca).

A la hora del almuerzo (en tres días ya adelantamos nuestra hora de comer una hora aproximadamente) fuimos a una pizzería que me había recomendado mi Tándem, al que conocimos allí. Lo que nos sorprendió fueron dos cosas: una, la bebida aquí es MUY cara. Dos, si venís a Alemania nunca pidáis agua si no es seguido de "ohne Kohlensäure" si no queréis que os pongan agua con gas (por regla general si no dices nada, te la sirven así).

Después de comer, tras darle dos vueltas a una calle para encontrar el cartelito que nos indicara dónde estaba el castillo de Tübingen, llegamos allí. Al estar en lo alto de una colina tiene unas vistas preciosas de todo el pueblo. Aprovechamos para sentarnos un rato allí, pues habíamos andado toda la mañana y aunque este pueblo no es muy muy grande, tiene muchas cuestas (algo a lo que yo al menos no estaba muy acostumbrada...). Tras ello, también nos paramos a tomarnos un café, pues sentados con el solecito (sí, hacía un sol de justicia ese día) nos había entrado morriña. Finalmente, visitamos el Alter Botanische Garten, uno de los parques más grandes de Tübingen.

Al volver a la residencia exploramos un poco por un camino que hay detrás de los edificios, y descubrimos un camino precioso con muchísimas hojas caídas en el suelo y que se adentra en un bosque. Pero para verlo no hace falta seguir el camino: simplemente con girar la vista se observan muchas colinas todas llenas de árboles. Es como un mar, pero de color verde, que parece que no tiene fin.

Para terminar el día, decidimos qué hacer el sábado. Un grupo de españoles que conocimos el día anterior nos dijeron que iban a visitar Friburgo, pero al ver que se tardaban 4 horas en tren frente a las casi 2 de autobús, decidimos que al día siguiente iríamos a Heidelberg y ya iríamos otro día a Friburgo. Y fue una buena elección...

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