miércoles, 29 de octubre de 2014

Visita de Puri: Día 4 (Konstanz, 28/10/2014)

El día empezó un poco corriendo. Habíamos quedado a las 7:50 Puri, Jose y yo, pero Jose creía que habíamos quedado a las 8:00...lo que implicó que llegara más de diez minutos tarde y por esperarlo dejáramos el autobús que deberíamos haber cogido para ir tranquilos a la estación. Cogimos el siguiente autobús que iba a la estación de tren, yo iba mirando todo el rato el reloj porque pensaba que no nos iba a dar tiempo de comprar el billete y de montarnos en el tren. Nada más que salimos del autobús nos pusimos a correr hasta la máquina expendedora de billetes, lo compramos lo más rápido que pudimos y corrimos hasta el andén. Creo que el tren tenía un poco de retraso por suerte, por lo que al final estuvimos unos minutos sentados ya dentro antes de que el tren se pusiera en marcha. Pero no era la única vez que correríamos: al tener un poco de retraso, para el siguiente tren teníamos un minuto de transbordo nada más, por lo que misma operación: al salir del tren, salimos como tres balas hacia el otro. De nuevo con suerte pasó lo mismo, que tenía un pequeño retraso e incluso tardó en salir. Pero bueno, tras cuatro trenes y dos horas largas de viaje, llegamos a Konstanz. No sé por qué, pero en Alemania los viajes se me pasan muy rápido.

Una vez que llegamos a Konstanz, buscamos una oficina de turismo para que nos dieran un mapa. Cómo no, nos despistamos un poco porque empezamos a andar y no nos dimos cuenta de que la oficina de turismo estaba justo en la estación de tren...así que vuelta para atrás. Una vez que conseguimos el mapa para orientarnos, nos acercamos a la orilla del lago Constanza -o Bodensee en alemán-. Increíbles las vistas, pues aunque sea un lago, al ser tan grande no se ve el final, el horizonte es agua. Me recordó mucho al mar y me alegró mucho visitar el lago, pues era como si estuviera un poquito más cerquita de la costa (aunque realmente estaba a muchíísimos kilómetros). Paseamos por un parque que estaba en la orilla y nos dirijimos al centro a comer, pues estábamos famélicos. Todo era muy tradicional, lo que significaba muy caro, por lo que acabamos en un Imbiss comiendo Bradwurst Jose y yo y Currywurst Puri (la segunda vez que comía, parece que le gustó). 

Tras comer pensamos subir a la torre de la iglesia, pues nos lo habían recomendado porque desde allí las vistas eran impresionantes. No lo llegamos a comprobar porque la torre estaba cerrada, no sé por qué. En cambio, sí visitamos la iglesia que, aunque era también católica, era algo diferente a las españolas. También tenía sus criptas y sus pasillos subterráneos bastante cucos. Dentro de la iglesia vimos a unos niños pegando gritos de queja y aporreando una puerta de metacrilato que impedía la entrada a las criptas. Pensé: "que no sean españoles por favor"...pues bien, deseo no cumplido. En cuatro días había visto tres niños maleducados y los tres españoles...

Al salir de la iglesia dimos un paseo por una de las calles principales del pueblo, entrando en un local a tomar un café y en una tiendecita típica de chorradas donde Jose y yo compramos algunas cosillas.Seguimos y seguimos andando hasta llegar a un museo marino al que queríamos entrar, pero al ver el precio y que estaba destinado a los niños nos retractamos de la idea. Entonces seguimos paseando buscando la frontera con Suiza, pero pensando que no está en la Unión Europea buscábamos una aduana o algo similar. Pero cuando nos dimos cuenta, todo estaba lleno de banderas suizas. Durante diez minutos no sabíamos si estábamos ya en Suiza, si eso era la frontera o qué. En eso llegamos a un pequeño lago interior donde había más banderas y algunas que parecían del cantón en el que estábamos, por lo que supusimos que sí. La confirmación fue un cartel que ponía "Kreuzlingen Schweiz" con un mapa de Suiza. Nos entró mucha alegría -estábamos en otro país!-, pero luego pensé que era como cuando voy a Portugal y me lo tomé con más normalidad. Las vistas de Constanza desde Suiza eran impresionantes, más aún cuando nos subimos a una pequeña torre. Estábamos maravillados con el paisaje, por lo que lógicamente aprovechamos para tomar algunas fotos. 

Sin embargo, era la hora de irse, porque el tren salía pronto, la noche estaba al caer y dos horas más allí no iban a ser muy productivas. En las dos horitas y pico de viaje estuvimos entre durmiendo, charlando y jugando a adivinar películas con los iconos del whatsapp.

Por la noche Puri y yo cenamos en mi casa por fin algo sano: Tomate, caballa, tortilla y pescado. Después de eso subimos a cada de Carmen a tomarnos unas cervezas y echar el rato allí charlando tranquilamente, aunque no nos fuimos muy tarde porque al día siguiente madrugábamos a las seis de la mañana para que Puri fuera al aeropuerto. 

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